Por Silvia Cano Garcia
Una sátira brillante y subversiva.
una radiografía necesaria y valiente sobre la
desconexión del poder: usa el absurdo para
desnudarnos ante una realidad donde los
magnates juegan a ser salvadores de catástrofes
que ellos mismos provocaron.
Despliegue artístico de primer nivel
la cinematografía en 35 mm de Emmanuel
Lubezki y el impresionante riesgo actoral que
tomó Tom Cruise al romper con su clásico rol de
héroe de acción para encarnar al decadente
Digger Rockwell.
La película ha generado tanta controversia que
Incluso su campaña publicitaria ironizó sobre la
brecha entre los críticos estadounidenses (que la
tacharon de "grotesca") y los internacionales
(que la llamaron una "joya de inteligencia").
dando la decisión final en manos del espectador.
una película cómoda porque no
busca complacer a nadie:busca
confrontar.La verdadera
"brecha" no está en las
calificaciones de los expertos,
sino en la capacidad de mirar
más allá del entretenimiento
superficial. Alejandro González
Iñárritu nos entrega una obra
incómoda, visualmente
apabullante y éticamente
necesaria.El tiempo. como
suele suceder con las grandes piezas
de sátira política, terminara por darle la razón
a los espectadores que supieron ver en ella una
genialidad y no un simple exceso.
La moneda esta en el aire,
pero la inteligencia de la obra
es innegable.

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